
Milímetro y medio es lo que separa, en la zona sanitaria de un schnauzer, un corte seguro de uno que deja la piel de la ingle a la vista. Es la longitud que deja la cuchilla que uso ahí abajo, hay ya un rincón del blog con la tabla completa de números de peine y el largo que deja cada uno, así que no me repito aquí, pero ese dato fue el que me hizo tomarme en serio la seguridad de esta parte de la higiene canina en casa, el día que Higo volvió de un paseo por el Paseo del Río hecho un cristo de barro, con nudos justo debajo de la cola.
No soy veterinaria ni tengo ningún título de peluquería canina, y esta zona en concreto no perdona la improvisación con una mascota tan menuda. Antes de encender la máquina me senté un rato a pensar qué de lo que ya sabía me servía aquí y qué no, porque entre las ingles y la base de la cola la piel de un schnauzer miniatura es mucho más fina que en el lomo.
¿Máquina o tijeras: qué es más seguro en la zona sanitaria?
La respuesta corta, después de varios sábados con las dos herramientas encima de la toalla, es que la máquina gana casi siempre ahí abajo. La tijera corta un nudo grande en un segundo, pero la piel de la ingle y la zona perianal es tan elástica que basta un movimiento en falso para pellizcar un pliegue entre las hojas y hacer sangre. Con la máquina, el cabezal hace de barrera entre la cuchilla y la piel, así que aunque me tiemble un poco el pulso el margen de error sigue siendo mayor.
Para que ninguno de los dos se ponga nervioso con el ruido, dejo que primero huelan la máquina apagada y les doy algo de picar antes de empezar. Si tu perro se bloquea directamente con el zumbido, merece la pena repasar antes cómo calmar a un perro que tiene miedo al ruido del cortapelo, porque intentar cortarle la zona sanitaria a un perro en pánico no sale bien nunca.

La máquina blanca que se bloqueaba en cada nudo
La primera máquina que usé para esto era una de esas de marca blanca que compré sin pensarlo mucho, y en la zona sanitaria se notó enseguida: cada vez que la cuchilla se topaba con un nudo se bloqueaba entera, había que apagarla, esperar y volver a encenderla, y con Higo removiéndose debajo eso no ayuda nada. Bastaron un par de sábados así para que me planteara en serio qué máquina de iniciación merece la pena para esta zona en concreto, aunque esa comparativa completa la dejo para otro rincón del blog.
Cuando el nudo es grande, antes de encender nada paso un peine de púas finas para deshacerlo por fuera, sin forzar la piel de debajo. De eso ya hablé en cómo elegir el tipo de peine adecuado para cada zona del perro, y la técnica para quitar esos nudos sin dar tirones también tiene su propio capítulo aparte.
Sujetar la cola sin tirar, pasada corta y sin presión
Sujeto la cola con firmeza pero sin tirar, la uso como punto de apoyo para controlar el cuerpo del perro, y voy con pasadas cortas, dejando que la cuchilla deslice en vez de empujarla contra la piel. Sigo mentalmente la forma de una V invertida alrededor del ano, con el vértice hacia arriba, porque así cubro toda la zona sin repetir pasadas sobre la piel más fina.
Si noto el cabezal caliente al tocarlo con la muñeca, paro un rato y dejo que se enfríe antes de seguir; no hace falta saber el número exacto a partir del cual deja de ser seguro, basta con no forzarlo. Una vez, a media faena, me interrumpió el interfono: era Encarnación, la vecina del tercero, avisando de que había visto a los perros asomados al descansillo, así que hasta una puerta mal cerrada puede meterse en medio de un corte que iba bien.

Higiene canina: lo que pasa antes y después del corte
Casi siempre hay un baño antes de llegar a esta parte, aunque no entro aquí en cada cuánto conviene bañar a un schnauzer ni en qué champú va mejor con este pelo duro, que ya tienen su sitio aparte en el blog. Lo que sí recuerdo bien es el ruido del agua rebotando contra el costillar de Almendra mientras la sujeto con la otra mano, un sonido que ya asocio directamente con que toca faena de peluquería casera.
Rosalía Muñoz, que me lee desde Buenos Aires con su schnauzer gigante, fue quien me sugirió probar la navaja lateral antes de meterme con el faldón, aunque en un perro de ese tamaño esa parte es otro mundo comparada con mis dos miniatura.
El resto de la rutina de ese sábado fue la de siempre: las uñas cortas sin drama, la máquina limpia y guardada en cuanto termino de usarla, y a Almendra le sequé las orejas por dentro con un paño mientras ella se limitaba a parpadear, tranquila, algo que hace tiempo dejó de sorprenderme.
La cara del schnauzer tiene su propio patrón de tijera y su propio capítulo, y secarlos enteros después es otra técnica distinta para que no se asusten con el aire caliente, así que tampoco me meto en eso aquí.

Si tengo que resumir la comparación en una frase: tijera para desenredar por fuera antes de empezar, máquina para todo lo que pasa cerca de la piel de la zona sanitaria, y nunca al revés. Cuando la zona está muy roja, tiene granitos o el perro no para de lamerse después del corte, ahí dejo de intentar nada en casa y toca veterinario, porque puede ser una cuestión de glándulas anales o una irritación que no tiene nada que ver con la cuchilla.
Ahora que le tengo cogido el punto a esta parte, ando mirando ideas para montar canastas de regalo para perros esta Navidad con snacks, para premiarlos por aguantar tan bien el rato del baño y del corte.