Mi Rincón Peludo

Pasos para limpiar las orejas a un perro con mucho pelo interno

Pasos para limpiar las orejas a un perro con mucho pelo interno: revisión de oído en un schnauzer miniatura

Higo avisa sacudiendo la cabeza como si quisiera espantar una mosca invisible; Almendra, más calladita, se restriega la oreja contra el borde de la bañera hasta dejarse la piel irritada. Dos formas distintas de decir lo mismo: dentro del oído se les ha acumulado tanto pelo que el canal ya no respira, algo habitual en los schnauzer miniatura y, en general, en cualquier perro con mucho pelo interno en esa zona. Ahí empieza cualquier cuidado de oídos serio, antes incluso de pensar en limpiadores o polvos.

La primera vez que vi a uno de los dos así, hace ya tiempo, tiré la toalla y los llevé a la peluquería canina de un hipermercado del barrio. Almendra volvió rapada hasta el lomo y con las orejas exactamente igual que antes, el problema seguía ahí, solo que encima parecía otro perro. Desde entonces me quedo con la peluquería canina en casa, aunque no tenga formación veterinaria ni haya terminado ningún curso oficial del oficio.

¿Por qué se llena de pelo el oído de un schnauzer?

Los schnauzer, como otras razas de pelo duro, no pierden el pelo de dentro del canal auditivo por su cuenta, a diferencia de lo que pasa con el pelo del cuerpo en otras razas. Sigue creciendo ahí metido, se enreda con lo que ya hay dentro y retiene humedad y suciedad, la combinación exacta que necesita una otitis para aparecer si nadie interviene a tiempo. Casi toda la higiene canina de mis sábados con Higo y Almendra gira en torno a esa idea: si el oído no respira, antes o después hay lío, aunque por fuera las orejas sigan pareciendo dos trozos de terciopelo sin ningún problema.

Primer plano del pelo interno en la oreja de un schnauzer miniatura antes de la limpieza

Arrancar el pelo ya no es la norma

Durante años la costumbre era arrancar ese pelo de raíz, entero y de una sola vez. Ya no lo hago así ni lo recomendaría como rutina: tirar de golpe de todo el pelo interno puede causar microtraumatismos e inflamación, justo lo contrario de lo que se busca. Prefiero retirar solo lo que de verdad tapona la entrada del canal y dejar tranquilo el resto.

Cuando hay mucha densidad, tijera de punta roma antes que dedos o pinzas: menos tirón, menos susto, menos motivo para que el perro asocie la revisión con un mal rato.

Antes de tocar la oreja

Me siento en el suelo del baño, sobre la alfombrilla antideslizante de la bañera, y dejo que se acerquen ellos primero. Si alguno llega nervioso, no insisto: lo dejamos para otro rato, porque no hay revisión de oídos que salga bien con un perro que se siente acorralado. En el estante estrecho de al lado tengo el limpiador ótico a mano, junto al cepillo de raíces, para no soltar al perro a media faena.

La maquinilla que compré de oferta hace tiempo se queda para el cuerpo, para dentro de la oreja no la uso nunca, ahí todo es a mano o con tijera pequeña.

Aplicación de polvos de agarre para limpiar el oído de un perro con mucho pelo interno

Los pasos que sigo cada vez

El primer paso es secar el pelo de dentro con un poco de polvo específico para oídos, sin pasarme, solo lo justo para que deje de resbalar entre los dedos y se pueda sujetar con firmeza. Con eso ya puedo coger mechones pequeños, de tres en tres pelos, y tirar despacio en la misma dirección en la que crecen, nunca a lo bruto ni contra el sentido natural del pelo. Si el perro se queja o el pelo no cede con facilidad, cambio directamente a la tijera de punta roma y despejo la entrada del canal sin forzar nada más.

Con el canal ya más despejado aplico el limpiador ótico, masajeo la base de la oreja un momento y dejo que sea el propio perro el que se sacuda con ganas: ese gesto suyo saca hacia fuera buena parte de lo que se ha soltado durante la limpieza. Termino siempre con una gasa limpia para retirar lo que ha quedado a la vista, nunca con un bastoncillo de algodón, empujar hacia el fondo de un canal tan estrecho es justo lo que quiero evitar en todo momento.

Botella de limpiador ótico junto a un schnauzer miniatura durante la limpieza de orejas

Es un ritmo parecido, en lo tranquilo, al que sigo cuando toca la cara, aunque aprendí a cortar el pelo de la cara a un schnauzer miniatura en casa es otro cantar completamente distinto, con sus propias tijeras y sus propios líos.

Cuándo paro y llamo al veterinario

Si la gasa sale casi negra, o huele fuerte, ahí paro. Eso ya no es cera acumulada por el pelo, es otra cosa, y no me corresponde a mí decidir qué. Me quedo con el mantenimiento estético y la limpieza básica; en cuanto hay sospecha de infección de verdad, la cita con el veterinario va antes que cualquier rutina de sábado.

Las uñas las reviso el mismo rato, antes de que se pongan nerviosos con el resto de la sesión, y la maquinilla se lleva su propio repaso al terminar, esa rutina de limpiarla es otra historia aparte.

Cada cuánto se repite la limpieza

La referencia que sigo es revisar y limpiar cada dos a cuatro semanas, no cada vez que los baño, el baño va por su propio calendario, sin relación directa con esto, ni con la misma frecuencia que uso para el pelo del cuerpo. Nada de números de guía de peine aquí dentro: esos sirven para calcular el largo del pelo por fuera, no para decidir nada sobre el canal auditivo. El pelo del faldón, por ejemplo, se enreda por su lado y pide su propia rutina de cepillado, sin ninguna relación con lo que pasa dentro de las orejas.

Remedios, mi compañera de despacho en la editorial, me preguntó el otro día por qué Higo había dejado de sacudir la cabeza cada dos por tres. Le dije que era cosa de repetir el mismo gesto cada pocas semanas, sin más ciencia que eso.

Schnauzer miniatura relajado después de la limpieza de orejas en casa

Con los nudos que se forman cerca de la oreja, por el roce constante de la cabeza contra el cuello, uso los mismos trucos para quitar nudos difíciles en perros de pelo duro sin tirones que uso en el resto del cuerpo.

Hoy Higo se cuela solo en el baño en cuanto ve el cepillo de raíces en mi mano, sin que tenga que llamarlo dos veces. No hace falta más que eso para saber que la rutina, tal y como la tengo montada ahora, les molesta bastante menos que al principio.

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