
Tengo el algodón empapado en manzanilla templada justo bajo el ojo de Higo, y el tono óxido de la mancha se va aflojando del pelo blanco a cada pasada. Esto es lo que hago ahora, después de probar de todo, para la higiene ocular de mis dos schnauzers miniatura de pelo blanco: quitar la mancha con cuidados caseros, sin liarla más gorda ni asustar al perro.
Higiene ocular en perros blancos: por qué salen las manchas
La mancha no sale porque el perro esté sucio, por mucho que lo parezca. Tiene que ver con las porfirinas que el cuerpo elimina de forma natural por las lágrimas. No me voy a meter en la parte química, para eso hay artículos más completos que este; yo cuento solo lo que funciona cuando la mancha ya está puesta.
Con tanto pelo alrededor de los ojos, la zona se queda húmeda más tiempo del que debería, y ahí es donde la mancha se pone peor y puede empezar a oler distinto. Es la señal de que ya no basta con pasar un algodón de vez en cuando, hay que meterle rutina.

Solo uso manzanilla y suero fisiológico, nada más
Después de probar de todo un poco, me quedé con dos cosas: manzanilla templada y suero fisiológico. La manzanilla calma la zona sin alterar el equilibrio natural del ojo, y el suero retira los restos sin arrastrar ni frotar de más. Nada de gasas que rasquen, siempre disco de los de desmaquillar.
Antes probé un producto de farmacia que me recomendaron para esto, y Almendra se pasó la tarde restregándose la cara contra la alfombra de puro picor. Ese intento quedó descartado del todo, y desde entonces desconfío de cualquier cosa que no sea manzanilla o suero.
Tras aquello, y de lo de la peluquería del Carrefour, donde Almendra volvió una vez rapada hasta el lomo, prefiero ir probando cosas suaves por mi cuenta antes que meterme en líos con productos o sitios que no controlo del todo.

Cómo limpio el lagrimal, paso a paso
Preparo la infusión, dejo que se quede templada, ni fría ni caliente, y empapo el disco de algodón. Con eso ablando la legaña seca desde el lagrimal hacia fuera, sin apretar, dejando que sea el calor y la humedad los que hagan el trabajo, no mi mano.
Cuando la costra ya está blanda, cambio al suero fisiológico y repaso otra vez de dentro hacia fuera. La idea no es borrar la mancha de un tirón, sino ir levantando lo que todavía no se ha quedado pegado al pelo. Lo que ya está fijado de antes tarda más en irse, y eso hay que asumirlo.
El secado importa más que la limpieza
Si dejo la zona mojada después de limpiar, lo único que consigo es que vuelva a oscurecerse más rápido, así que ahora seco a conciencia con un disco limpio hasta que el pelo queda seco al tacto, no solo por fuera. Un pañuelo de papel suave también sirve si no tengo discos a mano.
Recortar los pelillos que se clavan en el globo ocular no es lo mismo que dar forma a toda la cara del schnauzer, eso ya es otra tarea que dejo para otro sábado. Sujetar bien la tijera de punta redonda es parecido a lo que cuento en cómo cortar el pelo de las patas a un perro sin trasquilones, la firmeza de la mano cuenta más que la prisa.
En la toalla donde recojo los pelillos sueltos veo ahora la mitad de lo que caía la primera vez que me atreví a despejarle la vista a Higo, señal de que ya no ando a ciegas con la tijera cerca del ojo.

El límite de la limpieza: El efecto rebote de limpiar de más
Al principio limpiaba a Almendra tres o cuatro veces al día, convencida de que cuanto más, mejor. El ojo, harto de tanto roce, empezó a producir más lágrima todavía, así que la mancha volvía antes de lo que tardaba en desaparecer. Menos manoseo, mejor resultado, por raro que suene.
Ahora limpio una vez al día, mejor por la noche cuando ya están tranquilos, y algún día lo dejo pasar si veo que no han lagrimeado apenas. Esto no tiene que ver con cada cuánto los baño, que es otra cuenta que llevo aparte. Si un día quiero que salgan guapos sin obsesionarme con la mancha, tiro de algún pijamas para perros de raza pequeña que desvíe la atención, aunque ahora mismo en Sevilla hace demasiado calor para eso.
Cuándo esto deja de ser un truco casero y toca ir al veterinario
No soy veterinaria ni tengo formación oficial en esto, y lo dejo claro cada vez que puedo. Si el ojo está muy rojo, si al perro le duele al tocarlo o si la legaña sale verde o espesa, ahí se acaban los trucos caseros y toca pedir cita.
Mientras tengo el algodón en la mano aprovecho para pasar otro seco por fuera de las orejas, pero esa rutina la dejo para contarla otro día, con calma. Cada cosa en su momento.
Remedios, mi compañera de despacho en la editorial, me escribió hace poco, tres días tarde como de costumbre, para decirme que a Higo se le notaba menos esa cara de cansado en la última foto que subí. La constancia con la manzanilla, el suero y sobre todo el secado es lo que cambia la mirada del perro, más que cualquier producto que prometa magia en un solo lavado.
Toda la rutina cabe en cuatro pasos, sin necesidad de viñetas: ablandar la legaña con manzanilla templada, retirar los restos con suero fisiológico, secar a conciencia con un algodón limpio y, solo si hace falta, recortar con tijera de punta redonda los pelillos que molestan al ojo. Ya me salen solos cada sábado, sin pensarlo demasiado, y esa parte de la estética canina termina siendo la más sencilla si no me salto ningún paso.