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Cómo hacer helados para perros naturales para refrescar a tus mascotas

Cómo hacer helados para perros naturales para refrescar a las mascotas: petlados caseros para schnauzer miniatura en Sevilla

Treinta y ocho grados marcaba el balcón del salón el sábado que decidí que el ventilador ya no daba abasto. Higo y Almendra llevaban toda la tarde tumbados sobre el mármol de la entrada, la zona más fresca de la casa, con esa cara de resignación que ponen los schnauzer miniatura cuando el pelo les pesa el doble en pleno verano perruno. Ahí arrancó mi búsqueda de recetas caninas para hacer petlados caseros sin depender de comprar nada especial en ninguna tienda.

Unos días antes, después del paseo del mediodía, paré en el Mercado de Triana y vi el precio de los helados específicos para perros en un puesto de productos para mascotas. Qué va. Entre el presupuesto de marketing de la editorial y lo que ya me gasto en champús para los dos barbudos, decidí que mi cocina sevillana daba para más. Me puse a mirar cómo refrescarlos sin gastar de más ni arriesgarme a que les sentara mal.

Cuánto helado es demasiado premio

Lo primero que tuve claro es que un petlado casero no sustituye la comida, es un capricho de la tarde. Con Higo y Almendra procuro ser estricta con la cantidad, porque aunque son pequeños comen como si no hubiera un mañana, y no quiero que terminen pareciendo dos croquetas con patas antes de que acabe agosto. Lo trato como un premio de dos bocados servido en un molde pequeño, nunca como plato completo, sobre todo si ya han picado algo entre horas durante el paseo.

Sandía, yogur natural y kéfir, ingredientes para petlados caseros de verano perruno

Una tarde de junio me puse a mirar qué tenía por la nevera. Sandía, yogur natural sin lactosa y un poco de kéfir que había sobrado del desayuno. Lo bueno de hacer los petlados en casa es que controlas tú lo que llevan: nada de xilitol, ese edulcorante que aparece en tantos productos pensados para personas y que a ellos les sienta fatal, y cero chocolate, aunque lo pidan con esos ojos de pena.

La primera tanda se derritió antes de llegar al plato

Saco los moldes de silicona y preparo la mezcla mientras los dos me vigilan con una intensidad que asusta. Parece que saben que algo se está cocinando, aunque sea en frío. Aquí llegó mi primer desastre de la temporada: la primera tanda quedó tan líquida que, al dársela a Higo, el helado resbaló por el mármol como si fuera un disco de hockey. Lo persiguió por todo el salón mientras se iba derritiendo y dejaba un rastro rosa pegajoso. Tuve que fregar dos veces y él se quedó con cara de no entender por qué su premio se le escapaba.

Helado casero para perros derretido sobre el suelo de mármol junto a un schnauzer miniatura

Con eso aprendí que la textura importa más de lo que pensaba. El agua sola se queda dura como un cubito de congelador, así que ahora mezclo casi siempre con yogur o kéfir para que quede más cremoso y se deje lamer sin problema.

Por qué evito los helados duros como piedra

Esto lo aprendí viendo morder a Almendra con demasiada fuerza. Evito los helados que salen del congelador duros como piedra porque un mordisco así les puede hacer daño en la boca, y no quiero que el alivio del calor termine en una visita rara al veterinario. Para evitarlo, saco el helado un par de minutos antes de dárselo y uso moldes poco profundos, así lo lamen en vez de intentar morderlo como si fuera un hueso de cuero. Dura más tiempo y los mantiene entretenidos en el trozo de suelo fresco, que al final es de lo que se trata.

Petlados caseros para el verano perruno de Sevilla

Después de esas primeras tandas he ido probando más cosas los fines de semana. La manzana, sin corazón ni semillas, con un chorrito de miel también los vuelve locos. Y si hay caldo de pollo casero sin sal ni cebolla por la cocina, congelarlo en cubitera es de lo que más éxito tiene en casa.

Rosalía, una lectora que escribe desde Argentina y tiene un schnauzer gigante, me preguntó una vez por aquí si las cantidades cambian mucho con un perro de ese tamaño. Le contesté que sí, que el molde se queda corto enseguida y que mejor congelar la mezcla en una fuente y cortarla en trozos grandes.

Higo, el schnauzer miniatura, lamiendo un petlado casero de sandía y yogur natural

A veces, mientras espero a que se congelen los petlados, miro cursos cortos en Hotmart sobre cuidados básicos. No quiero montar nada, solo saber bien qué les estoy dando. Es la misma lógica que cuando buscaba qué máquina de cortar pelo para perros elegir para no dejarlos hechos un mapa: con la comida también prefiero ir sobre seguro.

Por cierto, no soy veterinaria ni tengo formación en nutrición animal. Todo esto son cosas que pruebo en mi cocina y que veo que a mis perros les sientan bien. Si tu perro tiene el estómago delicado o alguna alergia, pregunta antes a tu veterinario en lugar de lanzarte con frutas nuevas por tu cuenta.

El ritual del sábado con el helado ya listo

Saco los segundos petlados, los que ya tenían la textura buena. Siento el frío en los dedos al desmoldar los corazones de sandía mientras escucho el clac clac de las uñas sobre el suelo. Ese sonido es la señal de que saben que viene lo bueno. Se sientan los dos en el trozo de suelo que no quema y esperan.

Descubro que Almendra intenta tragárselo entero, la muy bruta, mientras Higo lo saborea con una técnica de lengüetazos casi de experto. Él es de gourmet, ella es de ansia pura. Al final los dos terminan con las barbas pegajosas, pero con esa cara de felicidad que compensa el rato en la cocina y el desastre del primer día.

Petlados caseros en forma de corazón listos para refrescar a las mascotas en verano

Refrescarlos no pide química ni grandes gastos, solo un poco de previsión en el congelador antes de que el sol golpee la terraza por la tarde. Esos diez minutos del sábado por la mañana me aseguran que, al volver del paseo de las dos, tengan algo que les baje la temperatura de verdad.

Trucos para no acabar fregando toda la cocina

Si te animas, un consejo de alguien que ha limpiado mucho yogur del mármol: dáselo en la cocina o en un sitio fácil de fregar. Al lamerlo siempre sueltan gotitas, y si usas frutas que manchen, como los arándanos, prepárate para ver manchas moradas por toda la casa si no vigilas.

Aprovecho el rato en que están concentrados en el helado para revisarles las orejas o mirar si hay algún nudo nuevo en el bigote. La primera máquina de marca blanca que compré se bloqueaba cada vez que topaba con un nudo grueso y había que apagarla y encenderla otra vez, así que durante bastantes sábados hice buena parte del trabajo a peine fino, con ese tirón leve cada vez que se enganchaba en un nudo apretado. Hacia la semana cinco de repetir el mismo gesto, pasé el peine por detrás de la oreja de Almendra y no se revolvió ni un poco, algo impensable en ella al principio.

Ahí es donde encajan los trucos para quitar nudos difíciles que ya conté por aquí, además de acordarme de limpiar bien la máquina después de cada sesión para que no se recaliente ni se atasque otra vez. También aprovecho para pensar cada cuánto les toca el próximo baño, o para recordar qué número de peine deja el pelo a la altura que me gusta detrás de las orejas.

Encarnación, la vecina del tercero, me escribió esa misma tarde preguntando qué era ese olor a fruta que subía por el patio, y cuando le conté lo de los petlados se rió y dijo que probaría algo parecido con su gata.

Almendra descansando en el suelo fresco junto a su helado casero para perros

Al final, estos ratos de sábado son los que más me gustan: el salón en silencio, el calor fuera, y los dos barbudos entretenidos con sus helados caseros. Si algo me llevo de este verano es que lo que marca la diferencia no es tanto la receta como la textura: un petlado bueno está pensado para lamerse despacio, no para aguantar duro como un ladrillo en el congelador. Con eso resuelto, un poco de sandía fría y mi compañía parece que les basta a los dos.

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