Mi Rincón Peludo

Consejos para evitar nudos detrás de las orejas del perro sin trasquilones

Consejos para evitar nudos detrás de las orejas del perro sin trasquilones en un schnauzer miniatura

Seis nudos detrás de una sola oreja: eso fue lo que encontré la última vez que me puse con Almendra en el lavabo, todos agrupados en el mismo triángulo de piel que separa la oreja del cuello. Parece mucho para una zona tan pequeña en una schnauzer miniatura de pelo corto ahí, pero el subpelo se enreda solo, sin que pase nada raro, solo por el roce normal de correr y rascarse. Ninguno de los seis llegó a tocar la piel, y los seis se deshicieron sin que la máquina entrara en juego ni una vez.

Hay una idea que circula entre dueños de Schnauzer miniatura y de cualquier perro de pelo duro: si encuentras varios nudos juntos detrás de la oreja, ya no hay vuelta atrás, toca máquina y asumir que un lado va a quedar más corto que el otro. Lo he creído yo misma durante bastante tiempo. No es verdad, o al menos no siempre. Un nudo detrás de la oreja no es una condena a la cuchilla, es un aviso de que ese pelo lleva unos días sin peine, nada más.

Todo esto pasa en el cuarto de baño de casa, que cada sábado hace de peluquería improvisada. La alfombrilla de ventosas por fin deja de resbalar justo cuando más falta hace, y el espejo de encima del lavabo tiene esas manchas de agua en la esquina de abajo que nunca consigo dejar del todo impecables.

Nudo de pelo tipo fieltro detrás de la oreja de un schnauzer miniatura antes de deshacerlo con el peine

¿Por qué la higiene detrás de la oreja es tan delicada en un schnauzer?

La piel justo detrás de la oreja es de las más finas que tiene un perro, así que ahí el margen de error es mínimo. No tengo título de peluquería ni soy veterinaria, y mi primera norma es simple: si no veo luz entre el pelo y la piel, la tijera se queda en el cajón.

Un nudo que se queda ahí demasiado tiempo también puede derivar en dermatitis, así que reviso esa zona en cada cepillado, no solo el día del baño. La frecuencia con la que los meto en la bañera también influye en cuántos nudos nuevos salen, pero esa es otra conversación que da para su propio apunte.

Aprovecho ese mismo repaso para mirar dentro de la oreja, que tiene su propia rutina de limpieza aparte de todo esto y que trato por separado.

Abrir el nudo, no cortarlo

La técnica que de verdad cambia el resultado es abrir el nudo en vez de cortarlo. Sujeto la base del mechón con dos dedos, pegada a la piel, y con la punta del peine metálico voy separando fibra a fibra desde la punta del nudo hacia la raíz. El tirón lo noto yo en los dedos, no lo nota Almendra en la oreja, y por eso se queda quieta en vez de sacudir la cabeza a medio proceso.

Durante bastante tiempo pensé que un cepillo de cerdas más rígidas iba a quitar los nudos más rápido. Qué va. Lo único que conseguía era más fricción justo en esa zona, y más fricción es más nudo al día siguiente. Desde que uso un cepillo más suave detrás de las orejas y guardo el de cerdas duras para el lomo, el tiempo que tardo en cada repaso ha bajado bastante.

Hay trucos específicos para deshacer nudos en pelo duro sin tirones que van más allá del peine metálico, y los dejo para otro apunte porque dan para un cuaderno entero ellos solos.

Si la zona está sucia de camino, aprovecho para recortar el pelo de la zona sanitaria y despejar un poco el cuello, pero con las orejas sigo yendo con mucho cuidado.

Peine metálico de púas finas para quitar nudos de perro sin tirones detrás de las orejas

En un curso corto de Hotmart que tenía abierto una tarde cualquiera, con un precio que se parecía más al de una pizza para dos que al de una academia de verdad, había una sección sobre herramientas básicas que casi me salto por parecer relleno. Menos mal que no lo hice: ahí entendí que elegir el tipo de peine adecuado para cada zona del perro ahorra la mitad del trabajo y el doble de disgustos. Ese mismo vídeo tenía una tabla con los números de peine y el largo que deja cada uno, que ahora consulto más de lo que admito en voz alta.

El truco de la maicena que no es un mito

Cuando el peine no entra ni de broma, uso maicena. Un poco directamente sobre el nudo hace que las fibras resbalen entre sí, y es sorprendente lo rápido que se abre algo que parecía imposible, sin llegar nunca a la cuchilla.

Si de verdad no hay forma y toca máquina, uso una cuchilla de corte corto, la paso casi rozando y siempre a favor del pelo. Antes de guardarla le quito el pelo acumulado y la repaso con su aceite, porque una máquina sucia tira más de lo que corta, eso lo aprendí limpiándola mal más de una vez.

Para los acabados que no quiero dejar a tijera recta, uso tijeras de entresacar en las zonas donde el pelo pide un borde más natural, aunque esa técnica merece su propio espacio porque tiene truco.

Si Higo se pone nervioso con el ruido, paro. Ya sé cómo calmar a un perro que tiene miedo al ruido del cortapelo, así que no fuerzo nada en ese momento.

Maicena casera usada para aflojar un nudo de pelo duro antes de pasar el peine

Lo que realmente provoca los nudos de repetición

El nudo detrás de la oreja casi nunca aparece solo porque sí. Con las primeras lluvias me di cuenta de que el collar de nylon de Almendra, con la humedad, generaba un roce constante justo en esa zona. Cambié a un arnés más suave y los nudos bajaron a la mitad sin tocar nada más de la rutina.

Correr por el Parque del Alamillo tampoco ayuda si el pelo ya viene enredado de casa: el roce con la hierba alta termina el trabajo que empezó el collar. Reviso las orejas antes de salir, no después.

Hubo una vez que, harta de pelear con un nudo que no cedía, decidí llevar a Almendra a la peluquería del Carrefour para que se lo resolvieran ellos. Volvió rapada hasta el lomo, mucho más de lo que yo hubiera cortado nunca a mano. Desde entonces prefiero tardar más en casa que dejar que alguien con prisa decida cuánto pelo sobra.

Mi compañera de editorial, Remedios Palomo, recomienda cursos de Hotmart con una seguridad que impresiona, aunque ella jamás ha abierto uno. Le hice caso con el de las herramientas básicas y, para una vez, no se equivocó.

Hace poco comparé dos fotos del móvil, una bastante más vieja que la otra, y lo que salta a la vista no es el pelo que falta sino las cejas de Almendra: por primera vez quedaron a la misma altura, sin el lado torcido que siempre me delataba el nudo que corté deprisa.

Higo y Almendra descansando en el salón tras el repaso de higiene y cepillado del sábado

La tijera tiene su momento, y no es el primero

Si el nudo es imposible o el perro sufre, no pasa nada por pagar la sesión de un profesional. Lo tengo claro: prefiero gastar en eso que arriesgarme a hacerle daño por ahorrar un sábado. Consulta con tu peluquero de confianza si la piel se ve roja o el perro se rasca mucho esa zona.

Lo mismo pasa con el subpelo: en el mismo curso vi trucos para quitar el subpelo del perro sin dañar la capa externa, y es justo lo que marca la diferencia en el aspecto del pelo entre un sábado y el siguiente.

Oreja de schnauzer miniatura sin nudos ni trasquilones después del mantenimiento con peine y maicena

Mi cuaderno de sábados tiene más apuntes que este

Detrás de las orejas es solo una parada del cuaderno. Ahí también tengo notas sueltas sobre cómo corté la cara de Higo la primera vez que me atreví, los errores que cometí con el faldón de las patas antes de pillarle el punto, y la máquina de iniciación que compré para no estrenarme con algo demasiado potente. Hay una página entera sobre cortar las uñas a un perro que no se está quieto ni dos segundos, otra sobre cómo secarlo sin que salga corriendo del baño, y una más reciente sobre qué champú le va mejor a un pelo duro y seco como el de un schnauzer.

Y luego está el otro cuaderno, el de las telas: los patrones que hice para la ropa de los dos, cómo los medí para que la prenda no quedara ni grande ni apretada, y qué tipo de tela elegir para que estén cómodos sin pasar calor. Ese disfraz de reno que Higo llevó en diciembre duró lo que tardó en frotarse contra el sofá, pero el patrón sigue guardado por si acaso.

Si te llevas una sola cosa de todo esto: un nudo detrás de la oreja pide peine y paciencia antes que máquina. Reserva la cuchilla para cuando el peine y la maicena ya no puedan hacer nada, y revisa esa zona en cada cepillado, no solo el día del baño. Así es como se evitan los trasquilones, no cruzando los dedos cuando ya es demasiado tarde.

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