Mi Rincón Peludo

Aquel sábado de marzo con la maquinilla: por qué Higo terminó pareciendo un trasquilón con patas

Higo, schnauzer miniatura, recién trasquilado con la maquinilla en una sesión de peluquería canina casera en Sevilla

La maquinilla se atasca en la nuca de Higo y él pega un salto hacia la bañera, con la alfombrilla de ventosas verdes chirriando bajo sus patas. Así arranca cualquier sábado de peluquería canina casera en este baño: un schnauzer miniatura que desconfía del ruido, una maquinilla de perros que promete más de lo que cumple, y yo con la toalla ya llena de pelo antes de haber terminado nada. Dos años después de mi primer intento con esta maquinilla, sigo aprendiendo cosas nuevas cada fin de semana, y esto es experiencia personal contada tal cual, sin curso oficial detrás.

Aviso rápido antes de seguir: hay enlaces de afiliado más abajo. Si acabas abriendo algún curso a través de ellos, me llevo una comisión, sin que a ti te cueste un euro de más. Cuento solo lo que abro yo un sábado cualquiera en este piso de Sevilla, y si el resultado es tan torcido como el de hoy, lo cuento igual.

Bañar a Higo antes de sacar la máquina

Antes de tocar la maquinilla, Higo pasa por la bañera. Ya escribí en detalle sobre cada cuánto tiempo se debe bañar a un schnauzer para evitar nudos, así que aquí no me repito: solo diré que bañar antes de cortar decide si la maquinilla desliza o se atasca a medio lomo.

Es un schnauzer miniatura de unos siete kilos con un pelo duro que, si no está bien limpio, atasca cualquier cuchilla barata en cuanto llega a la subcapa. El vapor del grifo abierto se mezcla con el champú de avena que uso en los dos, y ese olor dulzón es la señal de que el sábado de peluquería empieza en serio.

La cara torcida con la máquina nueva

Maquinilla de cortar pelo para perros schnauzer miniatura sobre una toalla llena de pelo tras el primer intento

La cara fue el primer sitio donde ataqué con la máquina nueva, y ahí estuvo el error: ya escribí sobre cómo cortar el pelo de la cara a un schnauzer miniatura en casa porque pide un pulso que yo no tenía todavía, y el faldón —esas patas peludas que le cuelgan por delante— es mucho más agradecido, porque ahí cualquier fallo se disimula solo.

Antes había probado con las tijeras de la cocina, las de trocear el pollo, para igualar el flequillo, y lo que conseguí fue una frente que bajaba en pendiente hacia las cejas, como una rampa. Rematé con la maquinilla sin guía y demasiado cerca de los ojos, y la cara le quedó desnivelada hasta que el pelo volvió a crecer y tapó el desastre. Tampoco ayudó que el lomo se llevara un escalón aparte, ese que se ve en la foto con la alfombrilla de fondo. Desde ese sábado, si estreno máquina, empiezo siempre por el lomo o las patas, y dejo la cara para el final, cuando ya sé cómo responde la cuchilla.

El lunes le enseñé la foto a Remedios, mi compañera de despacho en la editorial, y lo primero que preguntó, en serio, fue si la tenía torcida de fábrica. Cuando bajamos al Mercado de Triana a por fruta esa misma semana, crucé los dedos para que nadie notara el escalón del lomo.

La máquina de saldo del Black Friday, puesta a prueba

Higo, schnauzer miniatura, con un escalón visible en el lomo tras el primer corte con maquinilla

La maquinilla que uso ahora la compré en el Black Friday de 2024, barata y sin muchas expectativas. Dejé mis notas sobre qué máquina de cortar pelo para perros elegir después de varios intentos, porque la caja prometía mucho más de lo que hizo en el primer pase sobre Higo.

Después de esa sesión aprendí que limpiar la cuchilla del pelo pegado no es opcional: si no, se recalienta al segundo pase y tira del pelo en vez de cortarlo.

Remedios, la de mi despacho, se lleva los viernes a su teckel Oriol a la oficina y lo pone a posar para los vídeos de peluquería que graba en sus ratos libres; cada vez que le cuento un desastre de máquina, me manda uno de esos vídeos a modo de burla cariñosa.

Si le corto la uña y sangra

Le corté una uña a Higo más de la cuenta y le di al vivo. Sangró bastante para lo pequeño que es el corte, y él se quedó quieto, más sorprendido que dolorido, mientras yo buscaba algo para presionar la zona y cortar la hemorragia. Se paró en un par de minutos, pero la sesión de uñas terminó ahí esa tarde.

Desde entonces corto mucho menos de golpe, y si dudo, prefiero dejar la uña un poco larga antes que arriesgarme otra vez; si el sangrado no para o el perro se queja mucho, lo suyo es llamar al veterinario en lugar de improvisar en el baño. Cortar las uñas a un perro inquieto en casa sin sustos es toda una técnica aparte que no voy a resolver aquí.

Limpiar las orejas sin acabar arañada

Limpiándole las orejas a Almendra un sábado, giró la cabeza de golpe cuando le metí la gasa un poco más adentro de lo que le gustaba, y me dejó un arañazo en el dorso de la mano que tardó días en desaparecer. No fue ella portándose mal: fue que no la tenía bien sujeta y se asustó con el gesto.

Ahora la siento entre mis piernas, con las dos manos libres, una para sujetar la cabeza con suavidad y otra para limpiar, y evito meter nada más allá de donde alcanzo a ver. Los pasos para limpiar las orejas a un perro con pelo dentro del canal dan para un artículo aparte, así que aquí me quedo en lo que aprendí a base de arañazo.

Vestir a un schnauzer miniatura de reno en diciembre

En diciembre le puse a Higo unas orejas de reno para la foto del chat familiar, y aguantaron unos diez minutos antes de que se las arrancara frotándose contra el sofá al volver al salón.

Para la foto funcionaron perfecto, pero como complemento para pasar la tarde no sirven de nada con un perro que no entiende de disfraces, así que ahora las reservo solo para el rato de la cámara.

Lo que sí funciona entre baño y peine

Higo y Almendra, schnauzers miniatura, durmiendo la siesta tras la sesión de peluquería canina casera del sábado

No todo sale torcido. El otro día le pasé el peine a Almendra por detrás de la oreja, esa zona donde antes se revolvía en cuanto notaba las púas, y se quedó quieta sin más, como si el gesto ya no le dijera nada raro.

La técnica para quitarle un nudo sin que el perro dé un salto de dolor tiene su truco, y ahí no me voy a extender hoy. Los números de peine y el largo que dejan cada uno también dan para su propia tabla, así que lo dejo apuntado para otro sábado.

Entre bañar antes de cortar, tener la tijera de entresacar a mano y no tener prisa, la sesión deja de ser una encerrona para los dos. Higo y Almendra terminan durmiendo la siesta juntos en la cama del salón, ajenos a que uno de los dos tiene un escalón en el lomo que solo yo noto ya.

Cursos que abro los sábados y cursos que dejo a medias

Portátil abierto con un curso de peluquería canina casera online y tijeras de entresacar al lado

A media mañana, con Higo medio trasquilado, suelo abrir el portátil a ver qué cursos hay en Hotmart que no exijan montar un negocio, solo ir al grano para quien tiene una toalla en el suelo del baño. Uno que me gustó se llama Petlicias Navideñas: se centra en cortes y acabados navideños, la excusa perfecta para una sesión de sábado sin pretensión de cobrar por ello, y me vino de perlas para pensar en cómo disimular el desastre del lomo de Higo.

También eché un ojo a PETlados, que tiene más contenido y mejor pinta si algún día me pusiera a cortar con técnica de verdad, pero está pensado para quien va a cobrar por el corte, y yo solo tengo dos perros y ninguna intención de abrir nada, así que lo dejé para otro momento.

Midiendo a un schnauzer miniatura para confeccionar ropa casera y disimular un corte irregular

El otro día, viendo el percal, me dio por mirar cómo hacerles yo misma la ropa para tapar los cortes irregulares mientras el pelo crece. Tengo en la lista de pendientes un curso de costura de ropa para perros, con patrones sencillos para abrigos pequeños, porque si el corte sale regular, le pones una prenda hecha por ti y aquí no ha pasado nada.

Si te animas a intentarlo tú también, mi consejo es que no te agobies: vas a fallar, vas a dejar algún rodete raro detrás de las orejas, y el dinero que te ahorras haciéndolo tú misma se puede meter en cosas mejores, como un curso de Petlicias Navideñas para que el próximo intento salga menos torcido que este.

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